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YACIMIENTO  ARQUEOLÓGICO CANCHO ROANO

El santuario está enclavado en un terreno llano del valle de La Serena, en un paisaje rodeado por la dehesa y equidistante de un rosario de pequeñas sierras que conforman el valle. Aunque el río Ortigas riega el entorno hasta desembocar en el Guadiana, es el arroyo Cagancha el gran protagonista del lugar, pues gracias a él se levantó el monumento y el dique que impedía, ya en su época, que afectara al santuario en caso de que se desbordase por las riadas. Por lo tanto, es el agua el que da su verdadero sentido al yacimiento, pues el Cagancha mantiene siempre una corriente de agua incluso en épocas de fuerte sequía, abastecido por manantiales situados al Sur del lugar; pero además, tanto el foso como los dos grandes pozos que se perforaron tanto dentro como fuera del monumento, inciden en el valor esencial que debió tener el agua para sus contemporáneos. El yacimiento consta de tres edificios superpuestos.

El edificio principal sobreelevado del terreno circundante, se levanta un edificio de paredes de ladrillo de adobe rojizo en un magnífico estado de conservación, sobre todo su mitad septentrional, pues la meridional fue víctima de las labores agrícolas y por lo tanto conserva menor alzado. Las paredes estaban enlucidas de caolín rojo al exterior, mientras el interior se encontraba enlucido de caolín blanco.

El conjunto está orientado al sol naciente y está constituido por once habitaciones y un gran patio que da a la planta su característica forma de U. Todo el edificio está encintado por una terraza ligeramente ataludada realizada con piedras calcáreas de gran tamaño, lugar por donde hoy se realiza la visita al monumento.

En la fachada principal aún se puede apreciar restos del enlucido rojo que la cubría por completo, al igual que sucedería con el resto de las paredes exteriores del monumento.

El conocimiento que tenemos de Cancho Roano se debe en gran medida al excepcional estado de conservación en que ha llegado hasta nosotros. El edificio sufrió un incendio ritual en el último momento y fue clausurado mediante el tapiado de sus puertas y ventanas, dejando en su interior todos los objetos que contenía en ese momento, recuperando sus moradores tan sólo los sacra o elementos de culto fundamentales para continuar ese culto en otro lugar, el edificio fue además desmontado en sus esquinas para facilitar el echado de tierras que lo haría imperceptible; el tiempo se encargó de esconderlo definitivamente mediante las deposiciones naturales y la vegetación.

Cancho Roano se ha definido como un centro comercial de carácter religioso donde los mercaderes extranjeros e indígenas buscarían una sanción religiosa a sus intercambios comerciales. Pero además no se puede olvidar su carácter puramente religioso, pues el hallazgo de un gran número de molinos de grano, de telares o de vasos rituales parece evidenciar la existencia de rituales religiosos, tal vez relacionados con las cosechas o la fertilidad de la tierra, que congregarían a un buen número de personas en el entorno del monumento, sino es difícil explicar la enorme cantidad de elementos recuperados, cuando el interior no tiene capacidad para albergar a más de tres o cuatro personajes.

El descubrimiento de los dos edificios más antiguos cuyas plantas no difieren mucho de la expuesta, así como la existencia de sendos altares bajo el pilar del último santuario, marca aún más su significado religioso y avalan el interés de este lugar desde épocas muy anteriores a la del santuario actual.

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